La siguiente guía representa una referencia para todo cliente que pretende interponer cualquier reclamación de manera responsable.
Para conocer el concepto “responsable” en profundidad en este contexto hay que sentar primero una bases lógicas y de sentido común que deben prevalecer frente a cualquier tipo de reclamación.

En primer lugar, el cliente que presenta una queja o reclamación ha de estar seguro al 100% de que tiene la razón, es decir, no sirven las suposiciones o creencias para iniciar una queja que terminará en reclamación.

Hay una frase bien conocida por todos que dice; “El cliente siempre tiene la razón”.
Pues nada más lejos de la realidad. Esto no es cierto. El cliente muchas veces no tiene la razón, y a pesar de ello, se queja y reclama para obtener lo que considera que le pertenece.

Ahora bien, hay dos tipos de personas que reclaman aún sin estar en posesión de la verdad, es decir, que no tienen razón.

– El cliente despistado. Suele actuar de buena fe, y aunque reclama sin tener razón, considera que está siendo perjudicado en alguna forma y reclama utilizando información obsoleta, incorrecta, incompleta o inconexa.
Suele ser la falta de información lo que hace a este tipo de persona a reclamar, al forjarse una situación paralela a lo que es en realidad.
En resumidas cuentas, él considera que tiene razón y solo le detendrá una confirmación que le haga entender que no está en lo cierto.

Algunos ejemplos del cliente o usuario despistado que reclama sin razón.
– Acudir sin cita previa a cualquier administración -que requiera cita previa- y pretender ser atendido al desconocer que es necesario cita previa.
– Reclamar devoluciones de electrodomésticos después del plazo indicado en la factura. Y no importa que el artículo no haya sido sacado de su embalaje original. El comercio no tiene obligación de efectuar un reembolso después del plazo indicado en factura.
– Comprar una casa en zona conocida por sus inconvenientes, como ruidosos o con emisión de edores (aviones, factorías, nichos, vertederos,…) y posteriormente presentar quejas en los Ayuntamientos.
– Quejarse a la Policía Local de que un vecino estacione su propio vehículo en la puerta de su propio garaje.

– El cliente malintencionado. Este tipo de persona actua de otro modo, a mala fe para conseguir lo que quiera, a pesar de no tener razón y saberlo.
Estas personas denunciarán, acosarán a otros, y utilizarán todas sus armas para hacerse pasar por víctimas de un agravio con el fin de conseguir ser atendidos con celeridad, obtener beneficios en compras, o cualquier otro tipo de circunstancia que les pueda beneficiar de algún modo.